Las calles se llenan de aromas, colores, gente: castañas asadas, luces, escaparates llenos de color... ¡La navidad está a la vuelta de la esquina! No solamente nos lo recuerdan los anuncios de ropa y "bebidas con burbujas", sino que el frío también ha querido llegar para dar ese toque navideño a la ciudad. Y con la navidad, llegan las comidas y cenas familiares, de empresa, etc.
Los excesos navideños pasan factura, y no sólo al subirnos a una báscula. En estas fechas sometemos a nuestro aparato digestivo a grandes abusos. Para poder digerir todos los alimentos, se necesita emplear más tiempo que de costumbre y en la mayoría de las ocasiones, la digestión se hace con más dificultad, por lo que es habitual experimentar cierta pesadez. Pero además, tras estas comilonas pueden manifestarse otros síntomas como acidez, náuseas, vómitos o incluso diarrea, debido al uso de salsas, condimentos, picantes... por lo que la primera recomendación irá encaminada a moderar el tamaño de las raciones servidas. Se puede comer de todo, pero con mesura.

Pero no todos los problemas gastrointestinales provienen de las indigestiones. Al igual que el resto del año, existe el riesgo de sufrir una toxinfección alimentaria y aumenta la probabilidad de aparecer alergias o intolerancias que durante otras épocas pueden no ser tan visibles (pescado, marisco, anisakis...).
La explicación es muy simple: diversos mircroorganismos, de la familia Vibrio principalmente, pueden causarnos una infección si no tratamos el pescado de manera correcta. Una inadecuada manipulación y conservación de los alimentos provoca la contaminación del producto por estos patógenos.
Generalmente no alteran las características organolépticas del producto, por lo que es dificil comprobar si el alimento está contaminado. Para preservar sus cualidades de la mejor forma, debemos utilizar métodos de conservación adecuados. Los más utilizados son:
- Frescos y refrigerados: sólo se les adiciona hielo puro o hielo con sal. Conservar el producto una semana como máximo.
- Congelados y ultracongelados: congelar a -18º C el pescado fresco eliminando previamente las vísceras. Para evitar la formación de escarcha, las pérdidas de agua y la oxidación, conviene proteger el pescado con envoltorios de plástico o papel encerado. No es frecuente congelar el pescado azul, ya que debido a su elevado contenido de grasa se oxida fácilmente. Para descongelarlo, es preferible realizarlo en la zona menos fría del frigorífico, ya que a temperatura ambiente o bajo el agua puede provocar la pérdida de nutrientes o la proliferación bacteriana.
- Salazón: la ventaja es que podemos conservar el producto entero, pero a corto plazo.
Como recomendaciones generales, pordríamos citar los siguientes consejos:
- Buscar los productos frescos. Los pescados deben tener los ojos y la piel brillantes, sin olores fuertes. Deben estar expuestos sobre hielo(elaborado con agua potable).
- Comprar el pescado o marisco en último lugar de la lista de la compra y transportarlo a poder ser en una bolsa térmica hasta casa.
- Congelar el pescado durante 48 horas ó si queremos consumirlo fresco, conservarlo en la zona más fría de la nevera.
- Para su preparación, extremar la higiene de los utensilios a utilizar. Es preferible utilizar tablas de plástico para cortarlo, ya que las de madera pueden contener microorganismos en las grietas.
- Evitar consumirlo en crudo. Lo ideal sería cocer el marisco antes de consumirlo, durante poco tiempo pero a alta temperatura.


